Arriate, sabor a cocina casera

Un veterano negocio que ve cómo sus mesas se siguen llenando día a día

Arriate, sabor a cocina casera
D. Maldonado
Marina Martínez
MARINA MARTÍNEZ

Mucho ha llovido desde que la familia Conde vendía helados en su pueblo natal, Arriate. Entonces, Juan Manuel era aún muy pequeño. Nunca pensó que aquello sería la semilla de lo que acabaría convirtiéndose en su vida: la hostelería. Menos aún teniendo en cuenta que la construcción sería su oficio durante diez años. Los mismos que pasó en Suiza junto a su mujer a principios de los setenta. A la vuelta, quiso volver al gremio heladero. Ya en la capital malagueña. Pero le aconsejaron cambiar de idea: mejor que una heladería, un bar. Y con él llevan en la barriada de La Paz desde hace cerca de 40 años. Arriate lleva por nombre. Y por bandera al pueblo. «Somos como una embajada en Málaga», dice con una sonrisa el hijo de Juan Manuel Conde, Rafael, que también arrima el hombro junto a su hermano Antonio en este veterano negocio que ve cómo sus mesas se siguen llenando día a día.

Precios

Menú diario:
9,50-12,50 €
Precio medio:
15-30 €

Es mucho más que un bar de barrio. Parte de ‘culpa’ la tiene el propio Rafael Conde. Formado en La Cónsula y actualmente profesor de cocina en Antequera, fue el encargado de dar una vuelta de tuerca a una carta que, no obstante, mantiene el sabor de la tradición, de la cocina casera y los guisos de siempre. Ahí están sus clásicas manitas de cerdo, los callos o el bacalao rebozado, que tantos adeptos tiene entre su clientela. Pero en 2001 dieron un paso más: crecieron, y lo que era el local original se quedó como el espacio de tapeo. En la ampliación, la sala de restaurante.

El cuscús de pollo y sus clásicos callos son algunos de los platos imprescindibles en la carta del bar Arriate.
El cuscús de pollo y sus clásicos callos son algunos de los platos imprescindibles en la carta del bar Arriate.

Fue entonces cuando Rafael empezó a añadir a la carta ciertas licencias más creativas, como la pastela de pollo, el paté de mojama y almendras, el cuscús de pollo, el potaje de habichuelas vegetariano, el pan bao con panceta ibérica, o el pastel de atún. Precisamente, una de sus apuestas es el atún de almadraba. Y, en general, ingredientes de la tierra. Sin olvidar el ADN arriateño. De allí procede la chacina de sus desayunos. El sabor de lo casero y el producto de temporada. Ahí está la clave de su éxito.

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