Apóstoles y apologetas

El pescado azul estaba considerado menos sano que el blanco en otros tiempos. /SUR
El pescado azul estaba considerado menos sano que el blanco en otros tiempos. / SUR

El tiempo y la investigación científica van poniendo las cosas en su sitio frente a las modas alimentarias, pero a menudo los descubrimientos o las confirmaciones no llegan a los consumidores

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

En tiempos de mi abuela se consideraba el pescado azul menos sano que el pescado blanco, y recuerdo una etapa de mi infancia en que las propiedades saludables del aceite de oliva se ponían en cuestión frente a las de los aceites de semillas. El tiempo y la investigación científica van poniendo las cosas en su sitio frente a las modas alimentarias, pero a menudo los descubrimientos o las confirmaciones no llegan a los consumidores, perdidos en un guirigay de afirmaciones y contra afirmaciones. Eso, sin contar que demasiadas veces, el capital de la industria alimentaria financia estudios nutricionales destinados en última instancia a encontrar alguna prueba de que el producto que ellos fabrican y venden es bueno. ¿Es saludable la cerveza consumida con moderación; una copa de vino al día especialmente si es tinto; el aguacate, la quinoa, los alimentos de producción ecológica, las carnes, los pescados...? ¿Es el veganismo la piedra filosofal, o peor que una dieta de pizzas y hamburguesas? Sobre cada una de las cuestiones que se ponen como ejemplo (y, por suerte o por desgracia, sobre unas cuantas más) encontramos encendidos argumentos a favor y en contra. Lo preocupante en realidad, como señalaba en una entrevista en 'Málaga en la Mesa' hace poco el Premio Nacional de Gastronomía Mikel Zeberio, es vivir en este empacho de desinformación, donde apóstoles y apologetas, llenándose la boca y llenándonos los oídos con promesas de larga vida o siluetas envidiables sin rigor ni fundamento, nos incitan a comprar tal o cual semilla o alga traída de la otra punta del planeta aun a costa de disparar su precio en el lugar de origen, donde igual sí juega un papel en la alimentación de alguna comunidad. Nos invitan a autodiagnosticarnos alergias e intolerancias que dentro de unos meses cambiarán para ser sustituidas por otras, cuando los fabricantes de los alimentos concernidos paguen y difundan a conveniencia un nuevo estudio que limpie su nombre. En esta jungla de predicadores, solo un poco de sentido crítico y la capacidad de escuchar al propio cuerpo nos aportan buenas pistas que seguir.

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