Antonio Arrebola: «El tejeringo vive una edad de oro, aunque antes nadie quería hacerlo»

Antonio Arrebola, con una bandeja de tejeringos en el local de la calle Armengual de la Mota. /Salvador Salas
Antonio Arrebola, con una bandeja de tejeringos en el local de la calle Armengual de la Mota. / Salvador Salas

Tejeringo's Coffee, la empresa malagueña abierta en el año 2013, cuenta ya con ocho locales en la provincia y está a punto de dar el salto a Madrid y a Sevilla

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Hijo, nieto y tataranieto de churreros, Antonio Arrebola ha encontrado en el tejeringo su producto fetiche. Criado entre masas, aceite y churreras, el fundador de Tejeringo's Coffee presume de tener un producto (y un concepto) que no existe fuera de la provincia. Recién estrenado su octavo local en la calle Armengual de la Mota, ya prepara el salto al resto del país con Madrid o Sevilla entre sus objetivos más inminentes. «Los negocios tienen que vender valores y experiencias y eso es lo que tratamos de hacer aquí», afirma.

¿Cómo nace Tejeringo's Coffee?

–Tejeringo's nace en el año 2013 gracias a la experiencia adquirida en el seno de mi familia tras tres generaciones haciendo este tipo de churros. Mi madre, mi abuela y mi tatarabuelo se dedicaban a los tejeringos y yo he continuado con esa tradición hasta crear esta marca.

¿Cuál es esa historia familiar?

–La familia de mi abuela, que es de Herrera, un pueblo de Sevilla, se vino a trabajar a Málaga y todos los hermanos comenzaron a montar pequeños locales en los barrios porque entonces los churros eran un producto barato, versátil y que se podía hacer fácilmente. Se decía que quitaban el hambre. Mi madre montó después una churrería detrás de Barbarela que a día de hoy sigue abierta y ya tiene 50 años. Yyo, como no me gustaba estudiar, me metí de lleno en este mundo.

¿Trabajaba con su madre?

–Inicialmente mi madre me buscó trabajo en el Café Madrid, en donde tuve mi primera experiencia profesional. Tras realizar el servicio militar, y ya con 20 años, tuve claro que quería tener un negocio propio como mi madre. Primero tuve una experiencia con un socio, y después monté El Artesano, en Churriana, un negocio que comenzó con sólo cuatro mesas y fue creciendo hasta tener 170 metros actuales.

«Podemos vender 10.000 churros en un día perfectamente»

¿En qué momento decidió dar el salto y crear la empresa?

–Al analizar el cambio que había experimentado el local (ahora lo gestiona su exmujer) pensé en la posibilidad de crear una franquicia y una marca propia para comenzar a crecer. Yen ese camino llegó la oportunidad del Centro, en donde abrimos el primer local propio. A día de hoy tenemos ocho locales, dos de ellos en propiedad, repartidos por toda la provincia.

¿Y por qué apostó por esta variedad de churros?

–Realmente fue una apuesta arriesgada, ya que cuando cogí el producto con 20 años nadie quería hacer tejeringos. Entonces todo el mundo quería hacer los churros cortados, que se hacían en máquinas y eran más versátiles, productivos y sencillos. A mi me gustaban más porque es algo tradicional, aunque requieren un trabajo manual en el que tienes que echar muchas horas, sobre todo como lo aprendí de mi madre. Ahora, cuando han visto que el negocio crece, todo el mundo te sigue. La gente ve la palabra tejeringo, que es un genérico, y lo relaciona con nosotros.

¿Estamos viviendo una nueva edad de oro del tejeringo?

–Pienso que sí, de hecho he visto barbaridades como restaurantes que no funcionaban y que los han incorporado para ver si así remontan. También hay muchas churrerías que ahora han cambiado de nombre para incorporar la palabra tejeringo en el rotulo...

«Tenemos bastantes expectativas para este año; se ha disparado el interés por el negocio»

¿Cómo ha sido la evolución de la empresa?

–La primera tienda que abrimos fue la del Centro, y poco después estrenamos otra en El Torcal, que fue un centro franquiciado. Después abrimos en Parque Litoral, que la lleva mi hermano con un socio, y después inauguramos en El Palo –yo solo porque me deshago de las acciones de Churriana–, Cuarteles, Teatinos, Fuengirola y Armengual de la Mota, que ha sido la última. El año pasado abrimos cuatro franquicias.

¿Y para 2019?

–Tenemos bastantes expectativas para este año porque se ha disparado el interés por el negocio. Hemos logrado que los clientes nos reconozcan como una marca, y no es lo mismo tener un negocio que crear una marca porque para la gente significa una promesa de algo. Tú esperas que una marca te dé algo especial y eso es muy complicado de lograr: Tenemos un producto que no existe fuera porque le hemos dado otra categoría a una churrería, nosotros hemos cuidado la imagen, el negocio debe ser alucinante para que el cliente que pase quiera entrar ahí. Al haber logrado esto creo que ya podemos salir fuera y tenemos en mente abrir en Madrid, Sevilla, Córdoba y Murcia, en donde estamos buscando locales y hay interesados.

¿Y en la provincia?

–También hay margen para seguir creciendo. Hemos dado radios muy grandes y hay opciones en municipios que consideramos interesantes como Velez-Málaga, Torre del Mar, Marbella o Arroyo de la Miel.

¿Cuántos trabajadores tienen actualmente?

–Unos nueve o diez por cada local, por lo que ya estamos cerca del centenar.

¿Cuántos churros venden?

–Uf, no lo sé, pero muchos… podemos vender 10.000 churros en un día perfectamente.

Negocio tradicional

¿Por qué cree que gustan tanto los tejeringos?

–Porque es una cosa muy tradicional que te trae recuerdos. Si te pones a pensar, los churros se toman los fines de semana, con la familia,... Es un producto que une y eso es lo que vendemos nosotros, que vengas aquí con tu gente y estés un rato con ellos. Los negocios tienen que vender valores y experiencias y eso es lo que tratamos de hacer aquí. Tejeringo's Coffee ya no es una cafetería al uso, aquí tú ya vienes de una forma especial y creo que eso lo estamos consiguiendo. En nuestra empresa lo mismo pueden venir grupos de 20 personas que parejas solas y todas encuentran su hueco.

¿Qué tienen de especial sus tejeringos?

–Que mantiene la receta tradicional. Lo que yo he hecho es coger la fórmula de mi madre y sintetizarla para enseñársela a otra persona. Es complicado porque hay que medirlo todo muy bien para decirle a la persona lo que tiene que hacer, pero se nota que no es un producto prefabricado. En cada uno de nuestros locales hay un maestro churrero que elabora los tejeringos en el momento y a la vista de todo el mundo. Creo que el producto como tal es muy bueno, aunque también creo que un producto solo no funciona y por eso debes tener otras muchas cosas.

¿Cuál cree que es el secreto del éxito de su empresa?

–Creo que el éxito depende de muchísimos factores como que le dediques atención a los detalles o que estés en el momento adecuado –si mis padres no se hubieran dedicado a esto a lo mejor yo no estaría aquí–. También es importante la constancia, la imaginación, ser creativo y tener una visión de algo… Yo aposté por conseguir que te puedas tomar un café en un local de lujo, unificar lo antiguo con lo nuevo, que sientas la tradición pero sea algo moderno y diferente.

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