Amalfi, la patria azul del limoncello

Cocina marinera, huertas de limones al borde del mar y quesos de los Apeninos

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

No es de extrañar que patricios romanos, nobles europeos y estrellas del cine o la música hayan elegido la escarpada costa amalfitana como refugio. Si se tiene barco propio, cualquiera de los rincones suspendidos entre las estribaciones de los Apeninos Septentrionales y el azul del Mediterráneo ofrece el refugio perfecto. Si no, hay líneas de ferry y carreteras (tortuosas) que ayudan a democratizar este pequeño paraíso donde la gastronomía es otro placer. Hace unos años, el limoncello se coló entre los licores favoritos para la sobremesa, la repostería o la coctelería. Esta bebida obtenida de la mezcla de infusión de piel de limón en alcohol y almíbar, no tiene una historia tan larga como pueda parecer. Su producción comercial arrancó a finales de los ochenta, pero antes de eso, los amalfitanos ya sabían qué hacer con el zumo y la gruesa cáscara de sus magníficos limones, que hoy se cultivan en ecológico en pequeñas fincas casi verticales sobre los acantilados: sorbetes, helados, bizcochos () o la delicada , con un suave corazón de bizcocho emborrachado en limoncello y recubierto de varios tipos de crema de limón.

También se usan para platos salados. Ensaladas tibias de pescado, pastas y risottos se condimentan con zumo y ralladura. Platos como el risotto de gambas y limón o la , mínimas muestras de su abrumadora cocina marinera, que tiene como estandarte la pasta con almejas, pero también hace hueco a quesos frescos de la región como la mozzarella, el o la . Por cierto que la ricotta también se combina con pera en una (tarta) memorable. Sabores para completar el cuadro sensorial de una ciudad medieval en un entorno único.

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