El aguardiente legendario que nació en el pueblo de Ojén

El municipio malagueño presta su nombre a un destilado que tuvo fama mundial, que hoy sigue muy presente gracias a la literatura, a un museo y a empresas que le rinden homenaje

Alambique del Museo del Aguardiente, ubicado en Ojén./
Alambique del Museo del Aguardiente, ubicado en Ojén.
Javier Almellones
JAVIER ALMELLONESMálaga

Picasso lo pintó en uno de sus cuadros, Camilo José Cela lo menciona y elogia en 'La Colmena' y Anita Delgado, la maharaní de Kapurtala, fue una de sus mejores embajadoras en el mundo. No cabe duda. El ojén no era una aguardiente cualquiera. Este destilado, que tomó el nombre prestado del pueblo malagueño donde se elaboraba, gozó de una fama y un prestigio mundial gracias una acertada fórmula, inventada durante el siglo XIX.

Todo arrancó con la familia Morales, procedente de Ronda, que eligió Ojén para comenzar a destilar un aguardiente tan singular que pasó a denominarse como el propio pueblo. En el año 1830 arranca este negocio que daría con una fórmula de éxito internacional. Muy pronto comienza a conocerse la excelencia de este aguardiente. Y con ese reconocimiento del público llega el consecuente incremento de la demanda. En pocos años, se pasa de producirse sólo en el pueblo a hacerse y distribuirse también desde la ciudad de Málaga.

Esta saga familiar, bajo la marca Pedro Morales e Hijo, continúa con la elaboración de esta bebida alcohólica hasta el año 1919. Durante este período de casi noventa años, el ojén consigue ser proveedor de la Casa Real de España. Entre sus éxitos e hitos históricos, también se cuentan las numerosas medallas y distinciones en certámenes internacionales. Así, puede presumir de haber obtenido el primer premio internacional de la Exposición Universal de París de 1878 o el Gran Premio de Honor de la Exposición Internacional del Centenario de Buenos Aires en 1911.

Pueblo de Ojén. Libro de José Bernal que repasa la historia de este aguardiente. Publicidad de la época en la que se recalca el legítimo y genuino ojén. Imagen: Una Copita de Ojén SL.

Como todo lo bueno, tuvo competidores e imitadores, pero ninguno consiguió ni siquiera igualarlo durante esas nueve décadas de historia. Entre los primeros, estuvo el aguardiente catalán del Morro, que no logró desbancarlo. Entre los segundos, con el éxito internacional de su fórmula, llegaron los que sacaron al mercado otros aguardientes similares u ojenes. Como recoge el libro «El Aguardiente e Ojén, historia y leyenda», de José Bernal (ex alcalde de Marbella), éstos serían los «ilegítimos». Ante ellos, la familia Morales consiguió defender su receta maestra como la genuina hasta el punto de que pasó a aparecer en sus etiquetas este lema: «Téngase por ilegítimo todo aguardiente cuyo envase no lleve esta etiqueta, cápsula y corcho». Desde Málaga, Valencia o Jerez llegaron incluso los que copiaron descaradamente la etiqueta del original. Incluso, plasmaron el mismo carruaje que desde sus inicios acompañó como imagotipo de la empresa de la familia Morales.

La leyenda

A pesar de su fama y su éxito internacional, no se sabe con certeza por el motivo que paró de fabricarse en el año 1919, pero la leyenda asegura que su fórmula maestra cesó con la muerte prematura de uno de los herederos de la familia artífice de esta bebida, quien se llevaría la receta a la tumba sin habérsela transmitido a nadie. Aunque este hecho no está constatado, sí es cierto que la receta del ojén era única y difícil de imitar.

Cuatro décadas más tarde, hubo un intento de resucitar al genuino ojén. En este caso, un vecino del pueblo, Juan Espada, aseguró tener la fórmula secreta gracias a que en su lecho de muerte, Pedro Morales se la transmitió a su padre, que trabajaba para él. Desde 1961 hasta 1974, Espada, conocido por ser muy emprendedor (llegó a tener minas de talco), consiguió sacar un producto similar al mercado, pero no con el mismo éxito. De hecho, la empresa tuvo que cerrar por conflictos internos en apenas una década desde su inicio con el supuesto ojén.

Una de las botellas de ojén que se conservan en el Museo del Aguardiente.
Una de las botellas de ojén que se conservan en el Museo del Aguardiente.

Este último intento de recuperar el ojén y su supuesta fórmula secreta han conseguido engrandecer aún más la figura de este aguardiente. De hecho, la bebida ha sido inmortalizada en el mundo de la pintura y de la literatura, entre otras expresiones artísticas.

El mismo Picasso le da un protagonismo especial a su característica botella en su cuadro «Bodegón Español» (1912). El escritor Camilo José Cela no sólo le dedica dos artículos periodísticos sino que lo introduce en su famosa novela «La Colmena» en varias ocasiones. No ha sido el único autor de prestigio que lo menciona o incluso lo elogia en sus obras. Como recogen los promotores de la marca 'Oxén' en su página web, el ojén no sólo aparece hoy en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (definido así: un «aguardiente preparado con anís y azúcar hasta la saturación»), sino que se puede leer en obras de Ramón María del Valle Inclán, Javier Marías, Charles Bukowski o Ernest Hemingway, entre otros.

La música también se hizo eco de este aguardiente. De hecho, el programa de cocina «Con las manos en la masa», emitido en Televisión Española en la década de los ochenta, arrancaba casa semana con una canción compuesta e interpretada por Vainica Doble y Joaquín Sabina. En el estribillo se escuchaba al famoso cantautor de Úbeda diciendo aquello de «Chiquilla, dame pepinillos, que yo los remojaré con una copita de ojén». Precisamente, este último lema se hizo famoso muchas décadas antes por el soniquete de siete golpecitos de nudillos en la barra se pedía musicalmente «una copita de ojén». Incluso llegó a inspirar uno de los cuplés más famosos de la época, cantado por Luisita Esteso.

6. Aguardiente de hierbas de Finca La Giralda. Pasas en aguardiente de Oxén. Sol y Sombra con motivos picassianos de Oxén.

Personajes tan singulares como el filólogo Marcelino Menéndez Pelayo o la bailarina malagueña Anita Delgado, conocida popularmente como la maharaní o princesa de Kapurtala, presumieron de consumir el genuino ojén. Son sólo ejemplos del prestigio del que gozó esta bebida legendaria, nacida en la cara sur de lo que pronto será el parque nacional de la Sierra de las Nieves, en una ubicación privilegiada también por tener una cómoda panorámica de la franja de Mediterráneo de Marbella.

Para saber más sobre este aguardiente de fama mundial lo más recomendable es acercarse al pueblo de Ojén. Allí, dentro de su Museo del Molino (Ubicación: aquí), hay una sala especial dedicada exclusivamente a él. De hecho, este espacio, inaugurado en 2014, es conocido como el Museo del Aguardiente. Allí se pueden ver varios paneles informativos, fotografías con etiquetas procedentes de distintos lugares del mundo, premios obtenidos y una de las botellas originales, nunca abierta, que hasta entonces había estado en el despacho de la Alcaldía de Ojén. No es ni mucho la única. Hay algunos particulares que la poseen, ya sea llena o vacía. De hecho, está muy bien cotizada dentro del coleccionismo, ya que no es fácil de encontrar (sobre todo sin abrir).

Hoy, casi una centuria después de que se dejara de fabricar su primera y genuina versión, esta bebida legendaria sigue muy presente en Ojén, donde han surgido en los últimos años dos iniciativas empresariales que no quieren imitarlo, pero sí rendirle un entrañable y cálido homenaje.

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